Si algo están demostrando tener claro los hermanos Iglesias (Rías de Galicia) es la máxima “renovarse o morir”.
Y así, a la actualización de la carta del buque insignia de la familia, el restaurante Rías de Galicia, iniciada hace un par de años de la mano de Ever Cubillas, y a la sociedad con los hermanos más famosos del panorama gastronómico mundial –con el perdón de los Roca-, de la que resultó, no hace un año todavía, el tándem Tickets-41, debe sumarse ahora la nueva Casa de Tapas La Cañota.
Con algo más de tres lustros de vida contaba la vieja Cañota, y lejos ya los años de esplendor de esta casa gallega de comidas –o de comidas gallegas-, a comienzos de octubre vio la luz la nueva Cañota para, y enfundándome el habito de “pitoniso”, –no mucho más estrafalario y con mucha menos pátina que la toga-, devolver la alegría a la menor –solo por edad- de las casas de comidas que los hermanos Iglesias regentan en la barcelonesa calle que honra a mi ciudad natal.
Renovada Casa de Tapas La Cañota en la que ayer, y a pesar de no cumplir con ninguno de los tres mandamientos para alcanzar el estado “Nirtapa” descrito en la primera página de la carta del restaurante, pues las veces de aperitivo las hizo un vermut en vez de la caña recomendada, éramos dos en vez de cuatro -aunque ante el dilema de probar menos platos o terminar algo llenos, por supuesto, optamos por lo segundo-, y de a escote nada, le tocó invitar a un servidor, disfruté de una magnífica comida.
Comida en La Cañota a la que dieron forma:
Una muy buena anchoa Lolín, acompañada con pan con tomate, ajo, aceite y sal –al gusto del consumidor-.
Una excelente ensaladilla rusa: patata en estado puro, acompañada de huevas de salmón y servida templada: temperatura perfecta para su degustación.
Unas croquetas de jamón ibérico que, con las servidas en Vivanda, Coure y la Fábrica Moritz (en un par de días publicaré la crónica), conforman, por el momento, mi póquer de croquetas de Barcelona.
Una, por extraño que pueda pareceros, solo correcta empanada de sardinillas. En este caso, la actualización de este bocado de Galicia, materializada en una masa más fina, va, a mi entender, en detrimento de su sabor.
Una buena caja de fritos (pulpo, calamar, merluza y gamba), acompañada por un pil-pil preparado con la gelatina del rodaballo, de la que, sin duda, las gambas se llevaban la palma.
Un pulpo a feira que, de degustarlo, seguro que me lo aceptaríais, no como animal de compañía, sino como su mejor tapa. Perfecto en toda su extensión (textura y sabor del pulpo y de la patata, calidad del pimentón y del aceite…).
Sus bravas (patatas al caliu, salsa brava Albert Adrià y alioli). Una versión “sin remordimientos”, por la ausencia de fritura, de la más famosa de las tapas que, no obstante, no terminó de convencerme.
Un arroz caldoso de nécoras, de textura perfecta e increíble potencia gustativa.
Y una divertida “piña cocorron”: piña impregnada al vacío con Malibú y servida con menta y peta-zetas.
En definitiva, una casa de comidas en la que disfrutar compartiendo –o compartir disfrutando- lo mejor de la cocina gallega puesta al día.
Bodega: Guillemot-Michel “Quintaine” (Chardonnay). Guillemot-Michel. Borgoña.
Precio: 30 € (dos que comimos casi por tres).
En pocas palabras: Casa de Tapas de ayer, hoy y mañana.
Indicado: Para demostrar que compartir una buena mesa está al alcance de casi todos.
Contraindicado: Para los que creen que cualquier tiempo pasado fue mejor –aunque la situación de los restaurantes más inmovilistas de Barcelona no les dé la razón-.
Lleida 7, Barcelona
93 325 91 71
PD: He aquí el Top Tapa de La Cañota correspondiente al mes de Noviembre. Top 10 (la que está cortada son los boquerones) del que, como habréis podido ver, degusté 6 de sus platos, y que, con la excepción de la inclusión en él de las bravas y que yo la ensaladilla la situaría en el podio, suscribiría casi por completo.