Aunque pueda estar de más advertirlo, las siguientes líneas lejos de pretender ser consideradas como verdades absolutas, de sentar cátedra, solo quieren ser una opinión más –parece que no eres nadie si no tienes una opinión sobre elBulli- sobre lo que rodea al restaurante que ha puesto a la Cala Montjoi en los mapas.
En todo un proceso reflexivo son muchas las preguntas que te asaltan y, por ello, he decidido plasmar mis reflexiones sobre elBulli como una breve “autoentrevista”, a la que os agradecería, al efecto de enriquecer este proceso, añadáis cuantas cuestiones se os ocurran o aportéis vuestra visión a las ya formuladas.
Comencemos fuerte:
¿Es elBulli el mejor restaurante del mundo?
Sí, o como mínimo es el mejor en el que yo he estado, y son ya unos cuantos, aunque el restaurante Noma, el que le arrebató el cetro de la gastronomía mundial, todavía no se cuente en mi haber.
Aunque qué es ser “el mejor restaurante del mundo”.
Donde mejor se come. El que más factura. El más rentable. El más innovador…
En este sentido, dudo mucho que elBulli sea el restaurante que más factura o el más rentable del mundo. Probablemente, no ha sido el restaurante en el que mejor he comido –sobre los hermanos Roca o sobre los chicos de Andoni recaería tal honor, y seguro que para muchos de vosotros la mejor cocina la identificaríais a Bras, Gagnaire, Ducasse, Santamaria…-. Sin ningún género de dudas, se trata del restaurante más innovador del mundo.
Entonces, ¿Por qué me atrevo a afirmar con tanta rotundidad que se trata del mejor restaurante del mundo, incluso diría de la historia?
Pues porque conceptualmente elBulli constituye el mayor hito de la historia de la gastronomía, porque, seguro, elBulli ha sido, y por muchos años será –pese a mi juventud no sé si voy a ver nunca nada igual- el restaurante más relevante, más trascendente del mundo, porque si los restaurantes franceses encumbraron la gastronomía a acto cultural, ha sido elBulli el que ha liderado la ascensión de ésta a la categoría de arte… y, en el plano más personal, porque nunca un restaurante ha conseguido que en el transcurso de una cena se me erizase en tantas ocasiones la piel.
¿Es Ferran Adrià el mejor cocinero del mundo?
Sí, y también de la historia. Por todo lo recién dicho sobre su criatura y por, y citando a Jordi Vilà (Alkimia, Dopo, SatimBocca y Vivanda), porque Ferran reproduciría el plato de cualquier chef del mundo y ninguno somos capaces de hacer, casi ni concebir, muchas de las cosas que él ha regalado al imaginario gastronómico colectivo.
¿Por qué baja el telón?
Por coherencia, entendida como un acto de integridad, de responsabilidad tras el agotamiento de un modelo.
Por cansancio, entendido como voluntario retiro –al más puro estilo Robuchon, aunque éste ha terminado por traicionarse a sí mismo- del antropofágico, de cuerpos y conciencias, circo en el que se ha convertido la gastronomía mundial.
Por… que sé yo. Supongo que algún día lo leeremos en alguna de las monografías sobre elBulli que todavía están por publicar, por escribir, o lo descubriremos en las biografías oficiales o no que el genial Adrià protagonizará.
¿Qué será de elBulli?
Una fundación, un taller creativo, una leyenda… Madrid Fusión 2011 o el tiempo nos dirán.
¿Verán nuestros ojos un nuevo elBulli?
Apuesten por el sí.
Sí, porque es demasiado el talento, la ilusión, la energía… que encierran sus paredes, que albergan sus nombres y apellidos en tantas ocasiones relegados al anonimato por la larga sobra que proyecta la marca elBulli, como para permitir que se pierdan en el tiempo.
Lo dicho, en leyenda seguro que se convertirán, pero como en el caso de Michael Jordan, para ello, les resta regresar todavía más grandes.
Preguntas y respuestas que nos podrían conducir a cuestionarnos si elBulli es solo un restaurante, a lo que, con toda rotundidad, digo ¡NO!
Y entonces ¿Qué es?
Un restaurante con maneras de circo, alma de universidad, funciones museísticas… una familia a la que, tal y como hoy la conocemos y de el pasado miércoles pude disfrutar, siempre echaré de menos.