martes, 7 de febrero de 2012

Bodeguita Casablanca

LA BODEGUITA SEVILLANA

Sí, en unas merecidísimas mayúsculas.

Grandiosos caracteres para la bodeguita más famosa de Sevilla –que el Rey, en sus escapadas a la capital andaluza, no pierda la ocasión de visitarla, seguro que ha ayudado-, para uno de los locales de la ciudad del Nervión más concurridos –tanta es la marabunta que en cada servicio se agolpa en su sala y en los aledaños de la Bodeguita Casablanca que Tomás y Antonio Casablanca se permiten el lujo de abrir solo de lunes a viernes-, y para -y sin lo cual no cabría considerarla una auténtica casa de comidas, quedándose meramente en un rentable negocio- uno de los restaurantes sevillanos en los que la sonrisa final del comensal está asegurada, y ello, a pesar de que algunos de sus postres, sin duda, lo menos lucido de la Bodeguita Casablanca, se empeñen en todo lo contrario.


Bodeguita Casablanca que supuso el primer alto en el camino de mi periplo gastronómico por Sevilla, y que, gracias a la siguiente cena, puso un listón relativamente alto para los restaurantes que la iban a suceder –afortunadamente, dos de los tres intentos de superarlo, lo consiguieron-.

Cena en la que un fino Tío Pepe remplazó el vermut o el Negroni de rigor –cualquier otra cosa hubiese tenido delito-, en su papel de aperitivo, y que integraron:

Unas notables patatas al tenedor y “aliñás” con vinagre, aceite y perejil.

Una buena ensaladilla de gambas.

Una, contra pronóstico, excelente tortilla de patatas al whisky con ajos escalibados.

Unas flojas croquetas.

Unos buenísimos sesos salteados con vino, ajo y guindilla.

Un fresquísimo y perfectamente ejecutado surtido de pescadito frito (sapito, merluza, huevas, y bacalaíllas).

Unas sabrosas –aunque me acordé de ellas toda la noche- alcachofas con jamón y Cabrales.

Y un trío de postres: tocinillo de cielo, pudin de castañas, y leche frita, poco afortunadamente acompañados por crema inglesa, y del que solo salvaría de la quema el primero de ellos.



En definitiva, una casa de comidas de parada obligada para todo el que quiera disfrutar del mejor tapeo hispalense.

Bodega: Muga Crianza 2007 (Tempranillo, Garnacha, Mazuelo y Graciano). Bodegas Muga. DO Rioja.

Precio: 30 €

En pocas palabras: LA BODEGUITA SEVILLANA –ya me disculparéis por la pobre imaginación-.

Indicado: Para los que allá donde van hacen lo que ven.

Contraindicado: Para los que tumulto y gastronomía de calidad son incompatibles.

Adolfo Rodríguez Jurado 12, Sevilla
954 224 114

lunes, 6 de febrero de 2012

La Isla

Aviso para navegantes: sirvan estas líneas como prólogo para la presente crónica así como para las tres que la seguirán.

Sevilla es, gastronómicamente, una plaza complicada en la que lidiar.

Segundo aviso para navegantes: en los tres próximos párrafos voy a generalizar –no existe, o como mínimo yo no conozco tesis no científica que no precise de sucumbir a este mal-, así que ya me perdonarán las honrosas anécdotas –pues no son tantas- que meto en el mismo saco, por cierto, de esparto.

Como sucede en mi ciudad natal (Lleida), y en la mayoría de las capitales españolas, presentándose como únicas excepciones Madrid, Barcelona, Donostia y… Valencia –aunque ésta última algo cogida con pinzas-, las apetencias gastronómicas de sus vecinos se antojan mucho más conservadoras –que cada cual entienda este eufemismo como más le plazca- que el resto de sus carnales, humanas “debilidades”.

¿Y en qué se traduce esto?

Pues en que el panorama gastronómico de más de media España sigue dominado por la vieja guardia de la restauración, o lo que es lo mismo, por restaurantes con tanto postín como polvo que, ya sea por lo achaques de la edad o por el siempre malsano conformismo, no solo ya bien poco aportan al imaginario gastronómico colectivo sino que complican que las nuevas hornadas de cocineros demuestren todo su potencial, ayudando así a vertebrar la España gastronómica –con la nueva cocina pasa algo similar que lo que sucede con los actores: a todos nuestro padres y abuelos les encantan, pero en su casa prefieren un abogado, un ingeniero o un médico-.

Pero basta ya de desvaríos, que el restaurante La Isla reclama, y con razón, su vez.

Restaurante La Isla que, según lo ya referido en la crónica “Sevilla tiene un sabor especial”, supuso la etapa menos lucida, principalmente dada su más que cuestionable relación calidad-precio, de mi periplo gastronómico sevillano.

Y ello, pues un pica-pica compuesto por:

Unos sabrosos boquerones marinados y, posteriormente, rebozados.

Un correcto salpicón de marisco.

Unas buenas puntillas fritas.

Un notable cazón en adobo.

Una fresquísimas huevas de merluza fritas con ajo y perejil

Un buen tocinillo de cielo con compañeros de viaje poco recomendables.

Y unos pestiños con miel…

Que, al estilo catalán, obliga al desembolso a escote de algo más de 70 euros es para decir “una y no más”.

En definitiva, uno de los restaurantes con más solera de Sevilla que dudo mucho que jamás entre, materialmente, al siglo XXI.

Bodega: Muga blanco 210 fermentado en barrica (Viura y Malvasía). Bodegas Muga. DO Rioja.

Precio: 70 €

En pocas palabras: Las tres pes (postín, pátina y polvo).

Indicado: Para los que del inmovilismo hacen virtud.

Contraindicado: Para los que gustan de restaurantes, platos…en definitiva, de una gastronomía rebosante de vitalidad.

El Arfe 25, Sevilla
954 21 53 76

domingo, 5 de febrero de 2012

Sevilla tiene un sabor especial

Desde mañana, y a razón de una por día, una, dos, tres y hasta cuatro son las tazas de gastronomía hispalense que os serviré.

Crónicas que, todo sea para mantener vuestra atención hasta el final, vendrán dosificadas en orden creciente al mérito que les he atribuido.

Espero que os sientan tan bien como a un servidor.

Aunque, y pues no existe atracón –y creo que cuatro restaurantes en cuatro días bien pueden considerarse un festín- que se precie si no va precedido de un buen aperitivo, aquí va el vuestro, y que encarna la Bodega Santa Cruz –por todo sevillano de pro conocida como “Las Columnas”-,que, según cuentan, es la taberna española que más cañas despacha, aunque no será gracias a mí, pues al buen revuelto de calabacín y gambas que hizo las veces de aperitivo del sábado decidí acompañarlo con un vino de naranja.



Y en unas horas, arrancamos con el restaurante La Isla, al que sucederán La Bodeguita Casablanca, y los restaurantes Abantal y Gastromium.

jueves, 2 de febrero de 2012

Casa Palet

Si la última crónica la protagonizaba un banquero que, afortunadamente, dio rienda suelta a su vocación de cocinero, no merece menor celebración la tienda de productos gourmet con alma de restaurante que hoy nos ocupa.

Hay quienes creen que su horóscopo los define, los condiciona, otros que saben que su personalidad está intrínsecamente relacionada con la posición de los astros, ya sea en su concepción o al tiempo de nacer, algunos sienten que el año en que vieron la luz dice mucho de ellos… y también están los que intuyen que su nombre ha tenido alguna, o mucha trascendencia en su desarrollo personal. Y, tal vez, en este último escenario es en el que debemos circunscribir al restaurante Casa Palet: un colmado de lujo de barcelonés barrio de Sant Gervasi cuyo nombre ya permitía intuir que lo de ser solo una tienda, por más nobles que fuesen los productos que en ella se despachaban, le quedaba pequeño.

Y así, Àlex Palet, un antiguo agente de bolsa, con el restaurante Casa Palet mató dos pájaros de un tiro, o lo que es lo mismo, despertó dos vocaciones dormidas: la suya y la de su tienda.


Despertar en el que el joven cocinero Jorge Aranda jugó, y sigue jugando, un papel capital, pues a la postre es quien, con los escasos diez metros cuadrados de cocina de los que dispone, tiene la difícil empresa de conquistar a los 25 comensales que cada servicio llenan la acogedora, aunque ruidosa, sala del restaurante Casa Palet.

Empresa de la que, en líneas generales, el pasado sábado, salió victorioso gracias a la siguiente cena.

Cena, cuyo preludio –todo sea para hacer buena la expresión que “el hombre es un animal de costumbres”- corrió a cuenta de un vermut, aunque en esta ocasión al Izaguirre Reserva de rigor le hiciese la cama el también excelente Miró Reserva.

Y cuyos derroteros me llevaron por:

Una notable ensaladilla “sui generis”: patata al tenedor, mayonesa y atún, acompañada por unos chips de yuca.

Una buena coca de pan con pimiento, berenjena y cebolla escalibadas que hubiese merecido una mejor valoración de no ser por las pobres, e impropias dado que el restaurante Casa Palet es, ante todo, una tienda gourmet, anchoas que la coronaban.

Unas sabrosas croquetas de jamón ibérico que, no obstante, no desbancarían a ninguna de las que, a día de hoy, copan mi Top 5 barcelonés (Vivanda, Coure, Fábrica Moritz, Cañete y La Cañota).

Un excelente huevo frito al que los 5 gramos de trufa que lo acompañaban convertían en un huevo de matrícula de honor.

Una sabrosa, untuosa, de carne madurada y perfecta en su cocción hamburguesa a la piedra (en Casa Palet las encontraréis de 250, 500 y hasta de 750 gramos) con patatas fritas -excelentes- y ensalada que, no obstante, no copó las altísimas expectativas generadas por algunos comentarios de amigos y blogers que la postulaban como la mejor hamburguesa de Barcelona –personalmente, me quedo con la de L’Atelier del Coure o con la de vaca vieja de La Royale-.



Una, conceptualmente notable, torrija de panetone con helado de crema catalana a la que, una mejorable ejecución –el azúcar que la rebozaba se quemó, en su paso por la plancha o bajo la llama del soplete- convirtió en una correcta realidad.

Y una copa del excelente whisky PC (Port Charlotte).

En definitiva, una tienda gourmet que, si bien no llega a la cuadratura del círculo, sí que consigue cerrarlo gracias a la sencilla y sabrosísima cocina que practican sobre la base de muchos de los productos que en este colmado de lujo pueden comprarse.

Bodega: ¡Bravo, amigos de Casa Palet, por poner tan fácil el disfrutar de grandes vinos! Finca Terrerazo 2009 (Bobal). Bodega Mustiguillo. DO Pago del Terrerazo.

Precio: 30 € + vino (26€)

En pocas palabras: Producto de calidad en tu casa, y en la suya.

Indicado: Para los que no existe mejor receta que aderezar un buen producto con amabilidad, calidez y una bodega apta para casi todos los bolsillos.

Contraindicado: Para los que en un restaurante buscan más valor añadido que la mera selección de notables materias primas.

Laforja 9, Barcelona
932 185 309

lunes, 30 de enero de 2012

Allium

En tiempos tan convulsos como los que estamos viviendo es de celebrar la salud de la restauración barcelonesa.

En este sentido, algunos de los mejores restaurantes de España (Àbac, Alkimia, Caelis, Dos Cielos, Dos Palillos…) son vecinos de la capital catalana, pero lo que verdaderamente hace grande –enorme, diría yo- a la oferta gastronómica de Barcelona son las numerosas pequeñas-grandes casas de comidas que en nuestra bellísima ciudad encuentran el mejor caldo de cultivo para florecer. No obstante, en demasiadas ocasiones estos pequeños-grandes restaurantes se ven sumidos en un injusto ostracismo por culpa de la alargada sobra de los restaurantes mediáticos y el injustificado “bombo” al que a éstos damos –entono el mea culpa-.

Y así, al efecto de aportar luz a lo mejor de nuestro panorama gastronómico, y como recientemente han hecho dos de los más notables gastrónomos de nuestro país (Pau Arenós y Philippe Regol), la crónica que hoy nos ocupa viene a homenajear, a hacer justicia con uno de los muchos restaurantes “anónimos” de nuestra ciudad.

Restaurante bautizado como Allium, pero que, tras mi visita del pasado viernes, para mí siempre será la humilde y honesta casa de comidas de Jordi Casas.

Jordi Casas: un antiguo empleado de banca, un privilegiado comensal –no existe escuela de cocina que pueda suplir a la experiencia, al bagaje gastronómico, al efecto de comprender el pulso de los clientes- … que, hace algo más de tres años, dio rienda suelta al alma de cocinero que aullaba en su interior y se aventuró con el restaurante Allium.

Restaurante Allium: una casa de comidas que predica, sin integrismos –prueba de ello son los embutidos Maldonado (Extremadura) o el atún DO Balfegó que, afortunadamente, pueden encontrarse en su carta-, el credo del Slow Food, del Km O, que, a su vez, cuenta con uno de los más agradables servicios de sala de Barcelona y cuya oferta gastronómica se me antoja como una de las más destacadas, y auténticas, del gótico barcelonés (15 € menú mediodía y una factura media a la carta, sin bebidas, que, ni con mucho empeño, supera los 30 €).



Oferta gastronómica de la que, el pasado viernes, pude disfrutar a través de:

Unas arbequinas, unas cortezas de cerdo y una excelente longaniza de Espolla servidas a modo de aperitivo, y a las que acompañé con un correcto vermut de la casa.

Un notable dúo de aceites del Baix Ebre y el Urgell (Bancals de Camarles y OLi de Gel respectivamente) y un correcto pan (blanco y con tomate).

Unas sabrosísimas, aunque de mejorable rebozado, croquetas de pollo.

Una resultona coca de aceite con brotes verdes, queso ecológico, cebolla caramelizada y jamón ibérico, que, a pesar de, según me comenta Jordi, ser uno de los platos más celebrados del restaurante –supongo que el haber sido exhibida en el programa Cuines de TV3 tiene más culpa de ello que su sabor-, no me convenció.

Un perfecto “cap i tripa”. Por su sabor, su ligero punto picante, su textura y porque me dejó los labios pegados –la prueba del algodón en este tipo de platos-, un plato que justifica por sí solo la visita al restaurante Allium.

Un plato sabroso, aunque algo pesado, de notable aroma y, a mi entender, incomprensiblemente presentado como “angulas de pobre”: espaguetis cortados, chipirones, aceite, ajo y guindilla.

Un untuoso y más que recomendable arroz seco de alcachofa y costilla (intercostal) ibérica Maldonado.

El mejor flan de huevo de Barcelona. ¿Será por los 8 huevos y 16 yemas de Calaf con los que se prepara?

Una muy floja pannacotta. Era el día de su estreno en la carta y, sin duda, su falta de grasa (desajustada mezcla de leche y nata) y su exceso de gelatina (de haber tenido un mayor porcentaje graso no hubiese requerido tantas hojas de gelatina para que cuajase) hicieron que su debut fuese para olvidar.

Y unos buenos buñuelos de chocolate rellenos de ganache de chocolate, cuyo único pero sería una masa del buñuelo excesivamente gruesa, pues, la corta fritura a la que se somete el buñuelo al efecto que el chocolate no amargue comporta que la harina no se cocine lo suficiente.

En definitiva, una casa de comidas en la que se ama a la gastronomía. Y eso, se nota.

Bodega: L’Avi Arrufi 2005 (garnacha, cabernet sauvignon, merlot, syrah y tempranillo). Celler Piñol. DO Terra Alta


Precio: 40 €

En pocas palabras: Un oasis de honestidad y autenticidad gastronómica en el gótico barcelonés.

Indicado: Para los que saben que la pasión es un poderosísimo potenciador del sabor.

Contraindicado: Para los que todavía no han perdido esos kilos ganados en las Navidades, pues muchos de sus platos –no la pannacotta, ¡Qué lástima!- adolecen de un exceso graso.

Call 17, Barcelona
93 302 30 03