Sí, en unas merecidísimas mayúsculas.
Grandiosos caracteres para la bodeguita más famosa de Sevilla –que el Rey, en sus escapadas a la capital andaluza, no pierda la ocasión de visitarla, seguro que ha ayudado-, para uno de los locales de la ciudad del Nervión más concurridos –tanta es la marabunta que en cada servicio se agolpa en su sala y en los aledaños de la Bodeguita Casablanca que Tomás y Antonio Casablanca se permiten el lujo de abrir solo de lunes a viernes-, y para -y sin lo cual no cabría considerarla una auténtica casa de comidas, quedándose meramente en un rentable negocio- uno de los restaurantes sevillanos en los que la sonrisa final del comensal está asegurada, y ello, a pesar de que algunos de sus postres, sin duda, lo menos lucido de la Bodeguita Casablanca, se empeñen en todo lo contrario.
Bodeguita Casablanca que supuso el primer alto en el camino de mi periplo gastronómico por Sevilla, y que, gracias a la siguiente cena, puso un listón relativamente alto para los restaurantes que la iban a suceder –afortunadamente, dos de los tres intentos de superarlo, lo consiguieron-.
Cena en la que un fino Tío Pepe remplazó el vermut o el Negroni de rigor –cualquier otra cosa hubiese tenido delito-, en su papel de aperitivo, y que integraron:
Unas notables patatas al tenedor y “aliñás” con vinagre, aceite y perejil.
Una buena ensaladilla de gambas.
Una, contra pronóstico, excelente tortilla de patatas al whisky con ajos escalibados.
Unas flojas croquetas.
Unos buenísimos sesos salteados con vino, ajo y guindilla.
Un fresquísimo y perfectamente ejecutado surtido de pescadito frito (sapito, merluza, huevas, y bacalaíllas).
Unas sabrosas –aunque me acordé de ellas toda la noche- alcachofas con jamón y Cabrales.
Y un trío de postres: tocinillo de cielo, pudin de castañas, y leche frita, poco afortunadamente acompañados por crema inglesa, y del que solo salvaría de la quema el primero de ellos.
En definitiva, una casa de comidas de parada obligada para todo el que quiera disfrutar del mejor tapeo hispalense.
Bodega: Muga Crianza 2007 (Tempranillo, Garnacha, Mazuelo y Graciano). Bodegas Muga. DO Rioja.
Precio: 30 €
En pocas palabras: LA BODEGUITA SEVILLANA –ya me disculparéis por la pobre imaginación-.
Indicado: Para los que allá donde van hacen lo que ven.
Contraindicado: Para los que tumulto y gastronomía de calidad son incompatibles.
Adolfo Rodríguez Jurado 12, Sevilla
954 224 114