Hoy, tras la cena del pasado sábado, La Pèrgola vuelve a figurar en mi lista de las mejores mesas de la capital de “Ponent” y, además, lo hace en una posición de privilegio.
Como seguro habéis notado, acabo de dejar escrito “en mi lista…”, y me gustaría aprovechar esta ocasión que, con toda la intención, me he brindado, para recalcar la componente subjetiva de toda lista, clasificación, valoración o crítica gastronómica, pues resulta imposible realizarlas sin la intervención de los sentidos –creo que debe ser una de las pocas actividades en las que todos se ponen en liza- y que, inexorablemente, aportan el barniz subjetivo apuntado y por el que en tantas ocasiones se critica a los críticos. Críticas, tantas veces, injustas, pues, a mi entender, es una solemne tontería, por su contenido imposible, pretender exigir una crítica gastronómica aséptica, siendo solo exigibles a éstas: veracidad, honestidad, respeto, responsabilidad, sapiencia y, a ser posible, algo de gracia al escribir. Luego, y en función de lo que el crítico demuestra –pues por involuntario que sea, en una crítica siempre se vislumbra algo del crítico, sus filias, sus fobias…-, corresponde a cada lector identificarse con unos u otros.
No se me ocurre mejor forma de abandonar la excursión –o escapar del berenjenal- a propósito de la crítica gastronómica con el que acabo de castigaros que presentaros el cocinero y propietario del restaurante La Pèrgola.
(Unos segundos de repicar de tambores y…)
Con todos ustedes, Lluís, o lo que es lo mismo, el paradigma de un buen cocinero –y una mejor persona-.
Lluís, un cocinero forjado al calor de los fogones y no al calor de las estufas de las escuelas de cocina –y que conste que no tengo nada contra estos últimos-, sobre el que ya recaen casi 60 primaveras y cuya entrada en su primera cocina con a penas 14 años recién cumplidos nunca olvidará, pues al asustarse por el crepitar de un aceite hirviendo justo al ir a freír un huevo, éste se rompió y, como represalia, su jefe de cocina le propinó una patada allí donde la espalda pierde su honesto nombre –va por ti “iaio”- de cuyo eco todavía se resiente.
Pero Lluís es mucho más que un cocinero forjado a si mismo, es un trabajador incansable, un perfeccionista, un enamorado del territorio, una persona honesta… virtudes, todas ellas, visibles en muchos de los platos con los que me deleité en mi reciente visita a La Pèrgola. Visibles, por ejemplo:
En unos caracoles que, a pesar de encontrarnos en Lleida, eran de mar, en unos buenos boquerones y en una todavía mejor “coca de recapte” que hacían las veces de aperitivo de la casa.
En unos notables buñuelos de bacalao que, tal vez, adolecían de un exceso de patata.
En un correcto, tal vez el plato más flojo de la noche, tártar de atún con soja y mostaza.
En un excelente ravioli de setas.
En un buen bacalao confitado, algo pasado en su –en mi- punto de cocción, gratinado con muselina de ajos –probablemente, la culpable del punto excesivo de cocción- y servido junto a unos níscalos y puré de patata.
En un potaje de garbanzos con tripa de bacalao, todo melosidad e intensidad de sabor y que, sin duda, fue lo mejor de la noche.
En unos notables postres, tal vez algo barrocos en su presentación, que compusieron una mouse de yogur con frutos rojos y una Tarta Sacher –de las mejores que he probado en un restaurante-.
Y en unos petit fours “de proximidad” compuestos por unas mini “Orelletes” (típica torta de “les terres de Lleida” preparada a base de harina, agua, huevos, aceite, azúcar y anís) y almendras garrapiñadas.
En definitiva, al restaurante La Pèrgola, incomprensiblemente, lo ignoré durante un buen tiempo, pero como dicen que es de sabios rectificar, Lluis y su esposa, la atenta encargada de la sala, tendrán que aguantar mi careto espero, no más de lo que deseen y así, de paso mato dos pájaros de un tiro: ceno bien, muy bien y, aunque solo sea por el hecho de rectificar, algo de sabio me atribuyo. ¡Qué más se puede pedir!
Bodega: Saó Blanc Fermentat en Barrica 2009 (Macabeo). Mas Blanch i Jové. DO Costers del Segre.
Merece igualmente destacarse la magnífica selección de whiskys de la que dispone el restaurante. Una rara avis y todo un lujo en los tiempos que corren.
Precio: 60 €
Calificación: 14,5/20
Indicado: Para descubrir o redescubrir uno de los mejores restaurantes de Lleida.
Contraindicado: Para los que solo toleran un servicio de sala de corte francés, pues en La Pérgola se estila el trato familiar.
Passeig de Ronda 123,Lleida
973 238 237
