lunes, 3 de octubre de 2011

El mejor atún del mundo

O, como mínimo, el mejor que he probado.

Hace una semana, como privilegiado invitado de la familia, de la empresa Balfegó, tuve la oportunidad de embarcarme –en todas las acepciones de la palabra- en la magnífica aventura de la pesca del atún rojo.

Pesca en la que cada maestrillo tiene su librillo: caña en el norte, en el Cantábrico, palangre en la mayor parte del litoral mediterráneo, almadraba en el litoral de Murcia y Andalucía y de la que, los Balfegó son los únicos, los pioneros en practicar la “pesca” al cerco –no temáis, ahora os explicaré en qué consiste y, particularmente, el porqué del entrecomillado de la palabra pesca-.

Tal vez para muchos –aunque creo que solo para algunos- es de sobra conocido que la pesca del sabrosísimo atún rojo solo está permitida del 16 de mayo al 15 de junio y, por este motivo, y aprovechado las migraciones para reproducirse (el atún rojo se alimenta en el Atlántico y viene a reproducirse en el Mediterráneo) de, tal vez, el mejor fruto del mar, los pesqueros dedicados a la pescada de tan preciadísimo pescado se afanan en conseguir las mayores capturas en tan limitado periodo de tiempo.

Capturas que, en consonancia con su ciclo migratorio, suelen producirse en las proximidades del archipiélago Balear.

Capturas que, en la práctica totalidad de los casos, suelen desembocar en la muerte y posterior venta o congelación del atún rojo, o, y como tuve la fortuna de descubrir el pasado martes en la Atmella de Mar, también en la cría, en alta mar y en enormes piscinas (del tamaño de un campo de fútbol), de estos magníficos ejemplares.




Cría en enormes piscinas, en las que tuve en honor y la osadía –permitidme algo de autobombo, pues compartí baño con algo más de 3.000 enormes atunes rojos- de bañarme, y en las que atunes rojos de algo más de 100 kilos y casi diez años de edad son engordados con caballas, sardinas y arenques hasta que, alcanzados casi los 200 kilos llega, bajo comanda, el tiempo de su muerte, y que ha permitido que, también en el mar, el paradigma de pescador-cazador haya evolucionado al de granjero.


Vocación, rol de granjero que, además de permitir disfrutar de atunes rojos siempre frescos posibilita un control, una estabilidad en el, en demasiadas ocasiones prohibitivo, precio de este manjar.

Manjar del que, hace unos años disfrutaban prácticamente en exclusiva los japoneses (95% de la cuota de mercado) y que hoy, afortunadamente, se distribuye de la siguiente forma: 45% Japón, 35% Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Portugal y 20% mercado interior.

Atunes que rojos que, como ya he referido, los Balfegó sacrifican individualmente bajo comanda mediante flechas con punta explosiva, inmediatamente eviscerar y desangran y que, en pocas horas, mediante avión, emprenden el camino hacia el mercado, la plaza que los ha requerido (en mi vista, se sacrificaron dos atunes con destino a la lonja de Frankfurt).

Y para terminar, y antes de ofreceros la magnífica degustación de sus atunes de la que disfruté en el restaurante el Molí dels Avis, me gustaría apuntaros un par más una de, más que interesantes, curiosidades.

A que no sabías que en Estados Unidos los atunes que se demandan deben tener un 16% de materia grasa, mientras que nosotros los preferimos entre el 6 y el 8%.

Que en la lonja de Tokio, la de referencia mundial, exigen que el atún siempre repose, tanto en el despiece como en el traslado, sobre el mismo lomo, pues ese, por la compresión sufrida, se considera de menor calidad y, en consecuencia, se paga a un menor precio.

O que las nuevas tecnologías no son, en absoluto, ajenas al mundo de la pesca, y prueba de ello es que cada atún de los pescados por la familia Balfegó cuenta con un código QR que indica la fecha de la captura, muerte, peso, materia grasa y un largo etcétera del atún que nos disponemos a comprar o ingerir.

Pero ahora, vayamos al grano, al atún.

Atún que, en El Molí dels Avis (977 456 404; Andreu Llambrich 74, L’Atmella de Mar), su chef y propietario, Josep Margalef, nos preparó como:

Sashimi de lomo de atún rojo con pepino.

Tártar de lomo de atún rojo con cebolla tierna, pepinillo encurtido y huevas de mújol y salmón.

Tataki de lomo de atún rojo, macerado previamente 8 minutos en salsa de soja, con mermelada de jengibre.

Bocadillo de atún y vieiras con salsa teriyaki y mayonesa de wasabi.

Arroz de ostrones del Delta y atún rojo.

Poniendo la guinda a una magnífica comida un –no, aquí no encontraréis un solo atisbo de mar- magnífico flan.

Por cierto, gracias a la generosidad de los Balfegó, que me obsequiaron tras la visita con una buen pedazo de lomo de su atún rojo, al día siguiente me pude regalar un sashimi de atún con tomate de Guernica y aguacate, un tártar de atún preparado siguiendo casi la receta del carnívoro (yema de huevo, aceite, pimienta, sal, Islay, salsa Perrins, Tabasco, mostaza y ketchup), y un lomo de atún rojo ahumado con madera de cedro.




¡Ojalá haya podido transmitiros un ápice de todo lo que ese día disfruté y, sobre todo, aprendí!

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Àtica

¡Gracias Mónica!

¡Lo siento amigos!

Y ahora, el porqué de tan efusiva a la par que sui generis introducción de la presente crónica.

Gracias Mónica, pues a ella debo, debemos, que el restaurante Àtica ya no solo no sea un desconocido para mí, sino que hoy pueda presentároslo como una de las mejores relaciones calidad-precio de nuestra ciudad.

Y de verdad lo siento, pues ya son siete los años que Borja lleva practicando una cocina honesta, de calidad…y no ha sido hasta hoy –se me antoja como demasiado tiempo- que puedo rendirle un merecido tributo. Aunque, como suele decirse, más vale tarde que nunca.

Y así, en pleno barrio de Sants, alejado del mundanal ruido de los grandes restauradores, más amigos de compartir escaparate con firmas de moda u hoteles de lujo, el bueno de Borja se empeña, día tras día, en ofrecer, en su modesto restaurante –en absoluto a la altura de su propuesta gastronómica, de su esfuerzo tras los fogones-, una de las cocinas más honestas y meritorias que he probado en mucho tiempo.


Empeño que, en mi visita de hace unos días, se materializó en:

Una resultona pizza de calabacín, tomate y mozarela como aperitivo.

Una excelente panceta servida sobre un plato ligeramente caliente y acompañada de pan con tomate recién tostado.

Unos notables chipirones con romesco, crema de calabaza y confitura de limón.

Un buen risotto de setas y pollo.

Unas mejorables, principalmente debido a las notas excesivamente grasas de la salsa que las napaba, manitas de cerdo crujientes con compota de manzana.

Una más que meritoria versión del cheesecake: excelente la crema de queso, notable el polvo de galleta y mejorable la confitura de fresa.

Y un siempre apetecible, aunque no a la altura del servido en el Comerç 24 o en la Mifanera, pan con chocolate aceite y sal.

En definitiva, un restaurante que, además de ser toda una inspiración, un referente para aquellos jóvenes cocineros temerosos de dar el gran salto, permite que cualquier hijo de vecino pueda dar los primeros pasos, y con algo de suerte enamorarse, por la gastronomía de calidad.

Bodega: Novellum 2007 (Tinta de Toro). Bodegas Rejadorada. DO Toro

Precio: 30 €

En pocas palabras: Calidad, honestidad… y una relación calidad-precio casi insuperable.

Indicado: Para los que amamos la gastronomía, valoramos la personalidad tras los fogones y admiramos la valentía de un puñado –todavía pocos- restauradores.

Contraindicado: Para los que la firma lo es todo.

Galileu 159, Barcelona
93 490 65 35

Toffees

Un nuevo inquilino –en los tiempos que corren es de celebrar la llegada de cualquier rostro nuevo al patio gastronómico barcelonés- ha venido a ocupar el espacio que, en la zona alta de Barcelona, dejó el malogrado Il Bellini.

Nuevo vecino de los que siempre han estado ahí y, seguro, que por muchos años así será –estoy pensando en Semon, Via Veneto o Casa Tejada-, pero también de otras caras nuevas que todavía tienen que demostrar que no se quedarán en la mera novedad –pongamos que hablo de los restaurantes Nuba o Isabella’s-, y que, al ser requerido sobre su profesión, orgulloso responde: soy un Bistró.

Respuesta, cuya explicación, supongo, debe buscarse en que, a un restaurante que tanto prepara un Club Sándwich como un plato de caza, en el que se sirven desde huevos a arroces, en el que en una mesa pueden convivir desde conservas –eso sí, de calidad- a pescados salvajes pasando por ostras, hamburguesas, tártars o quesos DO “Vila Viniteca”, y en el que, dada su variopinta carta, es imposible fijar una factura media –estimo que éstas deben oscilar entre los 25 € y los 60 €-, el único traje que le servía era el, por todos y de todas partes deformado, de bistró.

Restaurante Toffees que abrió las puertas de su agradable, aunque algo de “cartón piedra” sala, que se aventuró con su propuesta gastronómica “de nunca acabar”, y que vino a sumar un nuevo y magnífico patio interior al panorama barcelonés, hace poco más de dos meses y en el que, hace unos días me aventuré con la siguiente comida de “amplio espectro” –todo sea en pro de poder valorar con el máximo conocimiento de causa una oferta gastronómica-.




Comida a la que pusieron un notable preludio unas más que correctas chips “home made” –agradablemente de nuevo en boca de muchos- desafortunadamente, y por exigencias del guión, acompañadas por un vermut Martini –con lo poco que cuesta, son incluso más económicos, contar con un vermut “de verdad”, ya sea Izaguirre, Perucchi o Miró, entre otros-.

Y un buen surtido de panes: ecológico, integral y centeno, en el que sobresalía este último, acompañados con mantequilla Echiré.

Y que discurrió entre un notable carpaccio “Harry’s Bar”.

Unos correctos –resulta imperdonable que estos bivalvos no estén adecuadamente limpios-mejillones de roca al vapor.

Un buen arroz (bomba de Pals) negro con chipirones.

Una mejorable, particularmente por su punto de cocción, hamburguesa con tomate al horno y cebolla caramelizada.

Y una, absolutamente prescindible, tarta tatin, cuya manzana estaba casi cruda y su base ni era crujiente ni se apreciaba el caramelizado de la mantequilla con el azúcar, acompañada por una correcta crema inglesa, un dulzón helado de vainilla y un –por favor, desterrémoslos ya- horrible culís de frambuesa.

En definitiva, lo dicho, en los tiempos que corren, toda aventura empresarial merece su reconocimiento, no obstante, y dado que de un magnífico espacio en Toffees ya disponen, un servicio algo más profesional y una oferta gastronómica algo, o mucho más corta, en pro de poder asegurar la calidad de toda ella, se me antojan como indispensables si pretenden que su mayor reclamo no se quede en la, intrínsecamente caduca, novedad.

Bodega: Abadal Cabernet Franc 2010 (Tempranillo y Cabernet Franc). Masies D’Avinyó. DO Pla de Bages.

Precio: 45 €

En pocas palabras: Restaurante “de domingo” en la zona alta de Barcelona.

Indicado: Para los amigos, familias…incapaces de armonizar preferencias gastronómicas. En Toffees las encontraréis todas.

Contraindicado: Para los que, como un servidor, creen que, quien mucho abarca poco aprieta es un dicho de perfecta aplicación en restauración.

Via Augusta 201, Barcelona
934 813 895

Una de cal y…

2 meses contra 7 años.

Sarrià-Sant Gervasi o Sants.

Más de 100 comensales para apenas una docena y media.

Todas las cocinas de mundo o la suya.



Toffees y

Ática.

Comida y cena de una jornada gastronómica a la aventura en la que, sin duda, la postrera comida del día fue la que cautivó a mi paladar y, también, a un pedacito de mi corazón.

En unas horas, ambos, a vuestra disposición.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Fragments Café

Vermut, restaurante, bar, cervecería…

De postal.


Pues aunque no vaya a poder ofreceros imágenes –política de la casa- del restaurante Fragments Café son, sin duda, sus tres espacios (terraza en la plaza de la Concordia, sala y patio interior) el principal –puede que el único- argumento para visitar el restaurante que ahora nos ocupa, presentándose su oferta gastronómica, la cual discurre entre las tapas frías y calientes, las conservas, los pinchos, los platillos y algunos postres, como una mera comparsa de un cuasi bucólico ambiente.

Y a los hechos me remito.

Pues su pincho de tortilla de patatas (de patatas crudas y ovoproducto apelmazado) desafortunadamente desenterró el fantasma de la “tortilla de cole”.

Sus croquetas de jamón ibérico (grasientas y de más que mejorable textura y sabor) parece que son ajenas a la sana “carrera espacial” que parece se libra en Barcelona para alzarse con el codiciadísimo “Best Croqueta Award” –Coure, Vivanda, Cañete y alguno más son mis nominados-.

Su ensaladilla ruso-alemana, en la que la patata es agradablemente substituida por remolacha, te deja, literalmente, un sinsabor en la boca.

Sus patatas bravas, aunque verdaderamente bravas –circunstancia de la que, desafortunadamente, no todas las que así se presentan pueden hacer gala- , a mi entender, nada pueden hacer contra las Top de Barcelona: Tomás, Bohèmic, Arola…

Mención aparte merecen su interesante falso risotto (semillas de pasta) con trufa y setas;

Y su notable carrot cake, no especialmente bien acompañado por un dulzón helado de vainilla;

Pues, cuenta en mano, se me antojan como dos platos de una más que notable relación calidad-precio.

En definitiva, uno de esos restaurantes que se sabe “guapo” –y lo es- pero que ha renunciado, en parte, a cuidar su interior –los menos avezados a mis metáforas podéis sustituir interior por propuesta gastronómica-. ¡Qué lástima!

Bodega: Lavia (Monastrell y Syrah). Bodegas Lavia. DO Bullas.

Precio: 22 € + 3,6 € Copa de Lavia -algo, siendo eufemístico, cara, dado que el precio de la botella no supera las 1.000 de las antiguas pesetas-.

En pocas palabras: Magnífico espacio, correcto tapeo.

Indicado: Para, y aprovechando que el verano no quiere abandonarnos, disfrutar de uno de los patios o plazas más agradables que nos brinda nuestra ciudad.

Contraindicado: Para los que gustan de comer donde se da importancia a la comida.

Plaça de la Concòrdia 12, Barcelona
934 199 613