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lunes, 20 de julio de 2015

Saüc

Una de las azoteas más agradables de Barcelona.

Una interesante propuesta de “gastrobar” que, desde el pasado mes de marzo, ya no responde a tal nombre (Ohla Gastrobar), sino al de Plassohla.

Y una Estrella Michelin.

Estos serían los tres argumentos, para los que disfrutamos de cama propia en Barcelona, para visitar el Hotel Ohla.

De altura es el que brinda su terraza.

Fácil de comprar –a partir de 15€ uno puede disfrutar de un buen tapeo clásico tamizado por la estrella de Xavier Franco-, se me antoja el que ofrece la Plassohla.

Y, de menos peso del que cabría esperar, es el argumento que entraña el restaurante Saüc.

Y así lo entiendo pues, en mi visita del pasado lunes, desafortunadamente, constaté que, lo observado hace más de cuatro años, lejos de ser el resultado de un mal día fruto de la, entonces, reciente mudanza del restaurante Saüc al Hotel Ohla, era el nuevo ADN de uno de los restaurantes de Barcelona que más me había hecho disfrutar cuando su morada se situaba en el pasaje Lluís Pellicer y la mayoría de sus comensales éramos vecinos de Barcelona y no ciudadanos de un lugar llamado mundo.

Un nuevo ADN caracterizado por, valga la paradoja, cierto inmovilismo por parte de Xavier Franco –cuando los demás corren, si uno solo anda, puede perder con facilidad la estela de los primeros- y por impropias dosis de creatividad malentendida -¿Perdida la estela, será para conservar la Estrella?-.

Sé que estoy siendo algo duro y, especialmente, dado que el otro día no comí nada mal en el restaurante Saüc –aunque es lo mínimo cuando uno paga 112€ por un menú degustación-, pero cuando veo un cocinero talentoso, trabajador, honrado y, en su día, todo un referente, dosificar su “yo” para ofrecer una cocina que guste a todos y, sobre todo, a foráneos –más pronto que tarde recalaremos en que los hoteles de lujo tienen tanto de trampa como de oportunidad para nuestros grandes cocineros-, no puedo evitar vestirme de Pepito Grillo con la intención que, en mi molesto “cri-cri”, Xavi escuche un “demasiado a menudo, popularizar es vulgarizar”.

Pero vayamos con el ruido a otra parte, y centrémonos en la melodía del Menú Saüc (el más extenso y personal de los dos de los que disponen en el restaurante Saüc).

Un menú del que disfruté en una agradable platea, de la mano de un servicio de sala con mejores directores (Víctor -del que disfrutaba, y mucho, en la malograda Mifanera-, y Luís –pensará, y con fundamento, que le persigo, pues ya ha tenido que sufrirme en los restaurantes Dos Cielos, Casa Paloma, Chez Cocó, La Judería de Córdoba o el antiguo Calima) que intérpretes, y al que dieron forma:

Un irregular cuarteto de aperitivos.

Buena la aceituna verde italiana –sí, lo habéis leído bien, una simple aceituna-, a la que daba cierta razón de ser y algo de prestancia la riquísima golosina de aceituna negra que la acompañaba.

Interesante su versión de la “coca de recapte”, expresada como un canelón de pasta de almendra, cremas de pimiento rojo y berenjena, anchoa, cebolla y un relleno de queso de cabra que, por invasivo, emborronaba el conjunto; y

Mejor sabor que textura (algo húmeda) en el crujiente de alga nori y maíz con huevas de trucha y eneldo.

Un magnífico servicio de pan (aceitunas, cereales y centeno) de elaboración propia –sin duda, de los mejores de Barcelona-, bien acompañado por la ampurdanesa arbequina de Mas Auró.

Una notable revisión, o re-versión –ya he perdido la cuenta de las que he probado- del omnipresente ceviche de corvina, en forma de un tártaro de corvina salvaje con aguacate, mango, gelée de tosazu (salsa japonesa a base de caldo dashi y vinagre) y cilantro.

Un excelente cremoso de foie aderezado con crema de limón, gelée de vinagre de Moscatel y crumble de cebolla.

Una resultona composición de yema de gallineta escalfada, crumble de piel de pollo, espuma de jamón ibérico y flor de borraja que hubiese brillado más de no haber aparecido por la fiesta unas huevas de arenque a las que ni el toque salado que aportaban les evitaba convertirse en ese inoportuno invitado que decora todo sarao que se precie.

Un plato que respondía al nombre “El Mediterráneo en dos partes” y que hizo buena la máxima “segundas partes…”.

Excelente el bocado que propiciaba la tostada de arenque con su espina, cuscús, uvas y brotes de mizuna, acelga y remolacha.

Y tan confusas como anodinas resultaron las cucharadas de un fondo marino compuesto por una gelatina de Bloody Mary –liviana hasta aburrir-, un crujiente de wakame algo gomoso y todavía más salado, salicornia, caviar de aceite, y un poti-poti de frutos del mar (gamba, cangrejo real, salmón, anguila, navajas o mejillones).

El peor momento de la noche vino de la mano de una “per-versión” de la “esqueixada”. Y, sin duda, fue el plato más flojo del menú pues un bacalao cocinado y, en consecuencia, desprovisto de su delicada textura -¡Xavi, pero si la “esqueixada” es nuestro tártaro!-, acompañado, o sepultado por un exceso de pimiento (rojo, verde y amarillo en brunoise bajo el bacalo), tomate (salmorejo y sus pepitas) y encurtidos (cebolla), se me antoja como una de las menos lúcidas y lucidas versiones que he probado de este icono del imaginario gastronómico catalán.

Un arroz de azafrán, espardeñas, tuétano y salicornia que, pese a relegar al tuétano –con lo que me gusta… y no es la primera vez que me lo hacen (hace nada, en el restaurante Gresca)- a un mero aporte graso, se erigía, por sabor y punto de cocción, como una “paella” de 10.

Un excelente mar y montaña –uno de los buques insignia de la cocina de Xavier Franco- en forma de un lingote de manitas de cerdo, cigala, calabacín, clorofila –pintada en el plato, aunque poco pintaba- flor de ajo, velo de panceta y fondo de cigala. Lo dicho, montaña, mar y también una buena dosis de sabroso umami.

Y cuando creía despegar, un ochentero plato de foie me hizo volver a una realidad más triste de la que, ab initio, esperaba encontrar en el restaurante Saüc. Demodé a la par que mal ejecutado el foie a la plancha (cortado demasiado fino y en exceso cocinado), con texturas de cereza (sopa, liofilizada, gelatina, impregnada –demasiado- en vinagre, y al natural), salvia y shisho. Ni el verano es tiempo para foie, ni creo que la cocina de Xavi sea la del foie con cerezas. ¿Tendrán algo que ver los turistas con que en el restaurante Saüc se sirva foie con cerezas en plena canícula? Si así es, otro guiño que, de sumar, solo lo hace en caja.

Un buen salmonete aderezado con comino bien acompañado por unas texturas de zanahoria (aire, brotes, crema, chutney, calcificada, braseada, al vapor…).

Un vulgar pichón con crema de colmenillas acompañado por un correcto briox trufado y un soso consomé de setas.

Una correcta, pero sin más historia, degustación de quesos catalanes en la que lo que más brillaba eran los partenaires de los quesos y el panecillo de comino que los acompañaba. Petit Montseny (cabra) con sorbete de frutos rojos, La Cleda (oveja) con mermelada de kumquat y vainilla, y Blau de Jutglar (vaca) con mazapán de café.

Un excelente pre-postre de manzana verde, helado de leche de oveja, granizado de hierbas frescas, espuma de tomillo, y brotes de cilantro, anís y goa.

Una desajustada composición de Amaretto (crema, teja y bizcocho), azafrán (cremoso y caramelo) y melocotón (sorbete y caviar), pues el postre era azafrán, azafrán y más, y solo azafrán.

Un mediocre (por sus texturas poco conseguidas y sus desajustes gustativos) postre de fresas, chocolate y balsámico.

Y un buen macaron de pera y tomillo.

En definitiva, un restaurante que, con su mudanza a un hotel de lujo, dio un salto de calidad, pero solo en su envoltorio.

Bodega: Correcta, pero en la que escasean referencias de alto valor añadido, carta de vinos. ¿Cara? También, pero menos que la de otros grandes restaurantes de hotel de lujo –el tuerto en el país de los ciegos-. Mi elección: Lo Mon 2010 (Garnacha, Cariñena, Syrah y Cabernet Sauvignon); Celler Trossos del Priorat; D.O. Priorat.

Precio: 165€ (Menú Saüc (112€) + servicio de pan (3,5€) + vino). Disponen también de un
Menú Tast: 82€ + bebidas; y de ciertos platos a la carta: 60€-80€ + bebidas.

En pocas palabras: Una estrella con demasiadas sombras.

Indicado: Para los que prefieren un buen musical que una gran ópera. ¿Sois la mayoría? Pues un servidor y, seguro, también Xavier Franco, encantados. Reitero, ni creo tener la verdad –de cuestionable existencia en lo gastronómico, como en cualquier otra disciplina artística-, ni escribo para la mayoría.

Contraindicado: Para los que en el pasaje Lluís Pellicer disfrutábamos de un cocinero que estaba enamorado de todo lo que servía.

Via Laietana 49, Barcelona (Hotel Ohla).
933 210 189

miércoles, 2 de marzo de 2011

Saüc

En un momento en el que todo hotel que se precie desea hacerse con algún cromo de la colección “Grandes Cocineros”, el recién inaugurado hotel de lujo Ohla se han hecho con dos (Xavier Franco y Anna Doñate), que son uno (Saüc), de los más preciados de la escena barcelonesa.

Xavier y Anna que, como ya os comentaba hace menos de una semana, han asumido la gestión de la restauración de este hotel cinco estrellas situado en la Via Laietana, y que ayer, transcurridas menos de dos semanas de la puesta de largo del Ohla Gastrobar, inauguraron el nuevo Saüc.


Novedad solo en la ubicación y en algunos detalles, pues el nombre y, sobre todo, la filosofía culinaria de Xavier Franco y el bagaje gastronómico adquirido durante más de ocho años en el pasaje Lluis Pellicer siguen, o seguirán intactos.

Utilización del futuro pues, a tenor de mi visita de ayer, no puedo aseverar con toda la rotundidad que me gustaría que los cambios en el restaurante Saüc lo hayan convertido en un restaurante mejor.


No obstante, ha de tenerse, y tengo en cuenta que el de ayer era su primer servicio y así, estoy convencido que algunos de los desajustes que advertí y comenté con Anna al final de la cena, en breve, se corregirán, y si yo los sufrí fue por mi impaciencia por disfrutar, de nuevo, de la cocina de Xavier. Pero vayamos ya a lo que os interesa…

Tras una copa de cava (Rimarts Brut Nature) con la que en la noche de ayer se obsequiaba a todos los comensales para celebrar el primer servicio del nuevo Saüc, la cena dio comienzo con un notable aperitivo compuesto por: unas cortezas especiadas, un cristal de pan con tomate y tomillo, unas aceitunas Gordal, una sablée de queso y una “chuche” de olivada.

Aperitivos que, junto con un muy buen servicio de pan (Forn de la Trinitat) y aceite (Mas Auró), fueron la antesala del menú degustación “Tast” (85 €. Disponen de dos más, uno a 65 € y el otro a 115 €) que escogí para cenar. Menú compuesto por:

Dos aperitivos:

Una correcta focaccia con tomate y caballa, y una buena terrina de ternera con frutos secos sobre un puré de garbanzos y yema de huevo.


Tres entrantes:

Ventresca de atún con cuscús y gelatina de dashi. Un plato de sabores elegantes aunque, tal vez, demasiado sencillo para ser el primer entrante.

Magníficos, en cambio, los guisantes de invierno con tripa de bacalao, “calçots” y manzana ácida.

Y muy buena también la revisión de uno de los clásicos del Saüc: panceta con alcachofas, calamar y jugo de asado.

Dos platos principales:

El primero, y siguiendo la liturgia tradicional, bien interpretado por un pescado, en este caso, unas láminas de morro de bacalao con habitas en exceso mentoladas.

Siendo el segundo, sin duda, lo mejor de la noche y, tal vez, uno de los mejores platos de casquería que uno puedo degustar en Barcelona: unas prodigiosas mollejas de ternera con trufa y cebolla caramelizada.

Tres postres:

Un correcto surtido de quesos catalanohablantes (Cleda, Castellot, Quatre Cantons), de los que, sin duda, me quedaría con el Biniveca (queso de cabra de Menorca).

Una buena sabayón con sorbete de mandarina, jengibre y naranja sanguina a la que no entendí que podían aportarle, aparte de una apariencia algo recargada, las láminas de chocolate con leche y blanco que la acompañaban.

Un babá al ron con chatillí y sorbete de fresones que, por su escaso emborrachado con almíbar y con ron, y por los débiles, de sabor y de textura, compañeros de viaje que ha escogido –entiendo que texturas como las del mascarpone o la nata semi-montada, y sabores como los del café, la naranja o el albaricoque, ofrecen mucha más complementariedad con un babá- no lo situaría entre los mejores de Barcelona (Coure, Dopo, Casa Paloma…).

Y los petit fours de rigor.

En definitiva, una primera cena en el nuevo Saüc que me arrojó muchas luces pero también más sombras de las que esperaba que, no obstante, estoy convencido que se disiparán en sucesivas cenas.

Bodega: Interesantísima, aunque cara, selección de vinos de la que me quedé con un Santa Rosa Reserva 2005 (Cabernet, Monatrell, ). Enrique Mendoza. Alicante

Precio: 110 €
Calificación: 15/20

En pocas palabras: el nuevo –con algo menos de magia- Saüc.

Indicado: Para los desconocedores de la cocina de Xavier Franco y para confirmar que la salud gastronómica de Barcelona es muy buena, pues un restaurante, ayer, de los “grandes”, deberá trabajar duro para volver a serlo.

Contraindicado: Para los que creen que en los hoteles ya se come de cine pero que en la factura final “el plus por el marco” es excesivo.

Via Laietana 49, Barcelona
933 415 050

Ohla (coctelería)

Más que recomendable el bar-coctelería del hotel Ohla, cuya dirección, junto con la del Ohla Gastrobar, también ha asumido la dupla Franco-Doñate.
De su cuidada selección de licores y cócteles me quedé con:

Un vermut rojo italiano (Torino) “Giuseppe B. Carpano” como aperitivo. (5,5 €)

Y su “gin-tonic decantado” (ganador del Gin Contest 2009), preparado con ginebra Tanqueray infusionada con haba tonka, manzanilla y pimienta, y servido con citronela, pomelo y Fever Tree, como “bajativo”. (14 €)


Las palabras de Xavier Frnaco (5 años en Can Fabes) sobre Santi Santamaria:

"Dijo lo que alguien debía decir”.

“Solo pensaba en el cliente”

“Practicó un terrorismo pacifista en defensa de los derechos de información de los consumidores”.

viernes, 25 de febrero de 2011

Ohla Gastrobar

O la –palabra que ha sido un juego de palabras involuntario- primera parte del regreso a la escena gastronómica de Xavier Franco y Anna Doñate (Saüc).

Un Xavier y una Anna que hace unos meses decidieron abandonar su casa del pasaje Lluis Pellicer para mudarse a un lujoso hotel (Ohla 5*), para asumir su gestión gastronómica.

Gestión que abarca desde el restaurante Saüc, situado en la primera planta del hotel y que abrirá sus puertas –para alegría de todos los que lo echábamos en falta y también, seguro, de los que lo descubrirán- el próximo martes, al minibar de las habitaciones del hotel, pasando por el Ohla Gastrobar que hoy nos ocupa.

Un Ohla Gastrobar en el que, debido a su horario ininterrumpido de 8 de la mañana a 2 de la madrugada todos los días del año, se sirven desde desayunos o meriendas a copas, aunque, por supuesto, su propuesta estrella, y que motivó mi visita, es la de ofrecer en formato tapas y platillos la cocina que Xavier Franco practicaba en el pasaje Lluis Pellicer.

Una cocina condensada en una carta algo, por tratarse de un gastrobar, extensa, en contraposición con una corta, pero de referencias muy interesantes y poco conocidas, carta de vinos, y a las que acompaña una carta de panes (4 referencias) del “Forn de la Trinitat”. De esta última me quedé con el pan de espelta que acompañé con un muy buen aceite Clos de la Torre.

Pero como no solo de pan vive el hombre, para la cena de ayer –la tercera que servían en el Ohla- me decanté por:

Una anchoa, según Xavier, “comme il faut”, o lo que es lo mismo, con cebolla tierna y ajos encurtidos.

Sus patatas bravas y que suponen una muy interesante versión a caballo entre las del restaurante Bohèmic –tal vez las mejores de Barcelona- y las del Bar Cañete.

Unas buenas croquetas de “bacallà a la llauna” y de pollo de payés con setas. Unas croquetas sabrosísimas y de textura muy agradable, aunque por su rebozado algo mejorable no las subiría al podio de las mejores croquetas de Barcelona (Coure, Vivanda y Cañete). Ello no obsta a que el diploma olímpico lo tengan más que merecido.

Unos correctos, tal vez fue el plato más flojo de la noche, huevos (de Calaf) rotos con alcachofas y panceta. Perfecto el punto de las claras, no así el de las yemas, en exceso cuajadas.

Un magnífico canelón con el jugo de su asado y láminas crujientes de parmesano.

Un buen arroz de bacalao y alcachofas, aunque lejos de aquel que Jaime Tejedor preparaba en el restaurante Libentia y que fue uno de los principales argumentos, junto con la magnífica gestión de la sala por parte de Chema, de mi romance con ese restaurante. Supongo que me decanto por el de Libentia pues prefiero la intensidad de sabor y melosidad que aporta al arroz la tripa respecto un bacalao desmigado.

Un excelente “coll de Xai” confitado y marcado a la brasa con patatas pont neuf.


Una correcta torrija, aunque a tenor de lo poco empapada que estaba y del grueso pan de molde con el que estaba preparada más parecía una tostada vasca, acompañada con un demasiado poco cremoso –cremosidad que precisaba la torrija- helado de vainilla.

Y un muy interesante bizcocho de moscovado, café y mascarpone, que podrían presentar como su revisión del tiramisú.

En definitiva, y a pesar de algunos desajustes en los tiempos y temperaturas de algunos platos, el nivel que ayer exhibió el equipo, comandado por Xavier y Anna, de Ohla Gastrobar, con tan solo unos días de rodaje, me conduce a creer seriamente que acabo de asistir a los primeros pasos de una de las propuestas gastronómicas de Barcelona que, en un futuro, próximo y lejano, más dará que hablar.

Bodega: Formiga de Vellut 2008 (Garnacha, Cariñena y Syrah). Domini de la Cartoixa. Priorat

Precio: 40 €

Calificación: 13,5/20

En pocas palabras: Un gastrobar de parada obligada.

Indicado: Para descubrir o recordar en pequeñas dosis la cocina del viejo Saüc.

Contraindicado: En breve, para casi nadie, de momento, para los que solo suben a una nave cuando ésta va a velocidad de crucero.

Via Laietana 49, Barcelona
933 415 050

Las palabras de Xavier Frnaco (5 años en Can Fabes) sobre Santi Santamaria:

“Dijo lo que alguien debía decir”.

“Solo pensaba en el cliente”

“Practicó un terrorismo pacifista en defensa de los derechos de información de los consumidores”.