Utilizando un símil futbolístico –que bien conocéis lo mucho que me gustan- diría que la Burg ganó el partido del pasado lunes gracias a un gol de penalti injusto en el último minuto del tiempo añadido.
Sin duda, el local, siempre teniendo en cuanta que estamos hablando de una hamburguesería, es encantador y, en particular, el comedor de la entrada.
El servicio, si bien es algo despistado, falta de voluntad no puede achacársele.
La carta, repito, para ser una casa de hamburguesas, es bastante amplia, pudiendo encontrar en ésta desde media docena de ensaladas, nachos, bravas y casi una docena de propuestas entorno a la protagonista de este restaurante.
Entonces, os preguntaréis ¿cuál es su talón de Aquiles?
Fácil, que la carta tiene una magnífica acogida en los ojos pero mucho peor en el paladar.
La cena del pasado la integraron:
Una correcta, eso sí, absolutamente falta de un aliño decente, ensalada de queso de cabra con naranja y dátiles.
Unos nachos que, a pesar de haber sido solicitados como aperitivo, llegaron con el último bocado de hamburguesa. ¿Qué decir de ellos? Pues de nuevo, que correctos. Supongo que pagaron el hecho que la noche anterior cenase en la Coronela.
De las dos hamburguesas que probé sólo salvaría la primera.
Así, la hamburguesa con cebolla caramelizada (azucarada), con queso fundido y huevo poché (casi duro), no estaba del todo mal.

En cambio, la “hamburguesa sola”, simplemente acompañada por un sofrito de tomate y cebolla, cebolla caramelizada y patatas fritas (lo mejor de la noche junto con la compañía) cayó por su propio peso. Si te atreves a enviar un pedazo de carne solo a las trincheras es porque tienes muy claro que es de la calidad suficiente para aguantar las acometidas del más exigente de los carnívoros paladares. Diez son los segundos que le auguro en cualquier trinchera mínimamente combativa.

Sintomático e ilustrativo de la sensación generalizada que nos dejó la vista a la Burg es el hecho que todos los comensales prescindimos de los postres.
En definitiva, para hamburguesas correctas la Burg es una magnífica opción, para hamburguesas notables, Saltimbocca es vuestro nombre, pero para hamburguesas excelentes quedaos con éstos: Coure y Rusty (el primero, el nombre del restaurante, el segundo, el de las manos que las preparan).
Precio: 18 € + bebidas
Calificación: 10,5/20
Indicado: Para injerir la ración semanal de proteínas con cierta alegría.
Contraindicado: Para los que no se conforman.
Sant Joan Bosco 55
Barcelona
Tel.: 93 205 63 48