jueves, 7 de abril de 2016

The Clove Club

De oca a oca, de grata sorpresa a grata sorpresa, y escribo porque me toca, porque me -y espero os- interesa.

Es cierto que no debería sorprenderme disfrutar de una magnífica experiencia gastronómica en un restaurante situado en el Top 100 (por los pelos no entró en su prestigioso Best 50, pues ocupa el puesto 55) de la Lista de S. Pellegrino de los mejores restaurantes del mundo. No obstante, estos premios están tan trufados de tongos que, cuando una casa de comidas hace bueno su privilegiado posicionamiento, siento una felicidad comparable a la de encontrar una trufa de 100 gramos.

Y con toda la intención me he referido a una magnífica experiencia gastronómica y no meramente a una gran cocina pues, en el restaurante The Clove Club me regalé el ágape más completo de mi escapada a Londres.

Puede que su cocina no sea la mejor de las probadas -sin duda, la del restaurante The Ledbury la supera, y a la par andará con la del restaurante Dinner-, pero el contexto en el que ésta se desarrolló -una calidísima sala en la que actuaba un servicio para quitarse el bombín-, y su precio, me llevarían a contestaros “The Clove Club” a la pregunta “Solo puedo hacer una comida, Eduard ¿Dónde la hago?”.

Y, de hacerme caso, podríais disfrutar de:

Un excelente servicio de pan de masa madre y mantequilla, ambos, de elaboración propia, y de aceite de oliva extra-virgen siciliano. Debe reconocerse que, a pesar de la reciente mejoría en este campo, por lo general, los panes que se ofrecen en la restauración británica dan un baño a los que se sirven por aquí -¿Para cuándo el destierro de los mini panecillos o de esos pre-congelados que devienen goma de mascar en un abrir y cerrar de ojos? I hope soon-.

Un consomé de hinojo, perifollo y estragón, que me evocó los mejores caldos nipones -no concibo mayor cumplido-.

Unos muy buenos embutidos de elaboración propia: copa (ahumada y dulce) y panceta (ahumada y salada). Hasta ahora, el dilema era si quería más a Joselito o a Maldonado -solía decantarme por el segundo-, pero ahora no tengo dudas de que amo a los de The Clove Club -una pena que los romances a distancia no suelan funcionar-.

Un caballa soasada con vinagreta de aceite y soja, mostaza de algas y crisantemos (hojas naturales y crujientes) que era otro grandísimo puente aéreo gustativo Londres-Tokio.

Un excelente risotto de cereales (avena, girasol y trigo), con col kale (cruda y frita) y queso Pecorino -con algo más de éste, y por la salinidad que aportaría a un plato que la demandaba, estaríamos ante un plato de matrícula-.

Un magnífico -de los mejores que he comido, sino el mejor- pato en cuádruple “cocción” (primero: una maduración de 21 días; luego: una ligera salazón; después: una cocción a baja temperatura; y finalmente: un rápido marcado) perfectamente acompañado por remolacha (hervida y fermentada), patata (pastel crujiente) y su fondo ligero.

Dos postres (toda su oferta “dulce”) que encarnaron lo más flojo del almuerzo pues, ambos eran pre-postres (cítricos, amargos, frescos y faltos de profundidad y complejidad gustativa) y que, para más inri, eran enanos -no soy de “caballo grande, ande o no ande”, pero sí creo que el tamaño importa-.

Facilona composición de ruibarbo, mascarpone a la vainilla, naranja (su merengue seco y confitada), gelatina de uva y crumble.

Y mucho mejor la mousse de clementina brulée.

Y unos “petit fours” de gran nivel:

Bombón fluido de Fernet Branca y crema de menta.

Y financiero de cereales, especias y hierbas.

En definitiva, un restaurante que, de estar en Barcelona, sería, sin duda, mi segunda casa.

Bodega: Exuberante carta de vinos conformada por casi un millar de referencias entre las que encontraréis grandes-grandes vinos (e.g. Único del 69), y pequeños-grandes vinos como el mío: Saumur Les Motelles 2011 (Cabernet Franc), Domaine Guibeteau, D.O. Loire.

Precio: 120€ (a la carta + bebidas). Precio medio a la carta: 50€-60€ + bebidas. Menús degustación: 85€ y 120€ + bebidas.

En pocas palabras: Daréis en el clavo -ya me perdonaréis la licencia, pues “clove” es clavo de olor, pero me venía que ni pintado-.

Indicado: Para disfrutar de uno de los 60 mejores restaurantes del mundo, de una Estrella que no tiene pero que es y, sobre todo, de una de las casas de comidas más completas que he visitado en mucho tiempo.

Contraindicado: Para los que menosprecian el personal de sala al considerarlos meros transportistas de platos.

Shoreditch Town Hall, 380, Londres.
+44 20 7729 6496

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