Notoriedad, entre cuyos porqués deben contarse:
Las notables y, a tenor de mi cena del pasado viernes, merecidas críticas publicadas, por ejemplo, en las webs Observación Gastronómica o Estocomo.
Que, y a pesar de que suele decirse que detrás de un gran hombre siempre se encuentra una gran mujer, en este caso, moviendo los hilos de Emma nos topamos con un dúo tri-estrellado: Romain Fornell, una estrella, aunque se rumorea que sobre su Caelis este año puede recaer la segunda –si, dada su ascendencia, le miden con el rasero del país vecino, seguro que así será-, y Michel Sarran, cuyo homónimo restaurante de Toulouse luce un par de estas preciadísimas, aunque algo, o mucho caducas, distinciones gastronómicas.
O que, en la cúspide –o eso espero- del furor por la tradición, por los locales neo-piji-rústicos, es, tal vez, el Café Emma el único que, sin necesidad de pregonarlo –en derecho te enseñan que las cosas no son lo que dicen que son, sino lo que realmente son: ¿Oído Meatpacking Bistro?-, debe ser considero como el genuino bistró barcelonés.
Y aún sabiendo que, dadas las numerosas críticas publicadas, a estas alturas, seguramente, ya no os voy a descubrir nada sobre este bistró de sobria aunque agradable decoración, he aquí lo que pienso de la buena de Emma:
Sin duda, Emma es francesa.
Sus mesas, aunque ordenadamente, se agolpan; la sonoridad del local deja mucho que desear; solo se ofrecen vinos franceses y éstos son servidos en una cristalería que no les hace justicia –nunca he entendido como en tantos y tantos restaurantes franceses, siendo como son nuestros chovinistas vecinos del norte los padres de la cultura enológica, cuiden tan poco tales detalles-; bajo la batuta de Daniel Brin los acordes que nos regala la cocina del Café Emma no pueden no evocar la Marsellesa;
Aunque…
Desafortunadamente, su servicio de sala, cual poblado de Astérix y Obélix, parece ajeno al ambiente afrancesado que impregna en el resto de detalles de este auténtico bistró y, sin duda, fue, tanto por su poca agilidad, como por la calidad de éste, lo peor de mi visita al Café Emma -y aunque no me sirva como excusa, supongo que, en parte, se debe a que éste se está viendo superado por el fulgurante éxito que está viviendo el Café Emma-.
Visita cuyo protagonismo recayó en:
Unas aceitunas y pan con mantequilla de Isigny, servidos como aperitivo, el que secundé con una copa de champagne Pomery (7,5 €/copa)
Una excelente -tal vez lo mejor de toda la cena- quiche del día: jamón ibérico y queso manchego –ese día me tocó la españolizada-, acompañada de una perfectamente aliñada ensalada de rúcula y escarola.
Una notable rillete de pato.
Unos macarrones con bogavante y queso Comté que me enamoraron y decepcionaron a partes iguales. Intensos a la par que delicados en su sabor, pero de textura casi pastosa –de las pastas más pasadas que me han servido en un restaurante-.
Un muy buen steak tártar con salsa bistró, acompañado de unas magníficas patatas fritas.
Y… tras casi una hora de espera, había llegado el momento de degustar lo que, a la postre, fue lo gastronómicamente menos lucido de la velada:
Una crème brûlée excesivamente “avainillada”, cuajada y que, por más inri, se sirvió fría.
Y una tarta tatin, de más que mejorables texturas, tanto la base como la manzana, eso sí, acompañada por un excelente helado de nata al Calvados.
En definitiva, Emma ha venido no solo para demostrar a algunos los que es un bistró, sino para que todos disfrutemos a precios españolizados de las exquisiteces francesas.
Bodega: Chateau de Respide 2007 (Cabernet Sauvignon y Merlot). DO Borgoña.
Precio: 45 €
En pocas palabras: el bistró de Barcelona.
Indicado: Para los que de París no anhelan la Torre Eiffel, los museos de Orsay, del Louvre…, sus increíbles bulevares, los románticos puentes sobre el Sena, el encantador barrio de Saint Germain… sino sus bistrós, pues gracias al Café Emma se ahorrarán un dineral en billetes de avión.
Contraindicado: Para los que las mesas excesivamente juntas, las salas bulliciosas y demás peros del “universo” bistró solo los toleran París mediante.
Pau Claris 142, Barcelona
93 215 12 16