sábado, 17 de diciembre de 2011

Germans Miquel’s

Cambrils es, sin duda, mi tercera casa –Lleida por nacimiento y Barcelona por adopción encarnan las dos primeras- y, por esa razón, las elogiosas palabras de Ricard Sempere (blog “Els meus restaurants”) sobre un restaurante de esta localidad costera desconocido, hasta ese momento, para mí, supusieron el mejor estímulo para una excursión dominical a la Costa Dorada.

Pero pongamos las cartas sobre la mesa.

Can Bosch es, por méritos propios, “el meu restaurant” de Cambrils –y uno de mis restaurantes favoritos prescindiendo del contexto geográfico-, y los restaurantes Denver y Miquel son, por tradición familiar principalmente, las casas de comidas de Cambrils que con más asiduidad visito.

No obstante, y tras la comida del pasado domingo en el restaurante Germans Miquel’s, puede que mis exigencias gastronómicas y las apetencias culinarias de mi familia hayan, por fin, hallado su punto de equilibrio.

Equilibrio que se cimentó en una propuesta gastronómica sencilla, honesta y de marcado carácter de mercado, y que, en mi visita al restaurante Germans Miquel’s, discurrió entre:

El aperitivo que casi siempre me acompaña en mis fatigas gastronómicas. Aunque en esta ocasión al omnipresente Izaguirre Reserva de rigor le hizo la cama el también excelente vermut de Reus Miró.

Unos buenos calamares a la romana, acompañados por un excelente romesco y una muy floja mayonesa –dichoso ovoproducto-.

Unas correctas, sin más, tostadas de pan con tomate y láminas de morro de bacalao.

Unas muy buenas sardinas en escabeche.

Unas notables gambas de Tarragona a la plancha, aunque en exceso cocinadas.

Un sutil y excelente arroz, ligeramente caldoso, de bogavante: sin duda, lo mejor de la comida.


Y un dúo de postres al que la expresión “ni fu ni fa” les iría como anillo al dedo, encarnado por un correcto pudding y una algo mejor, aunque sin alardes, crema catalana.


En definitiva, el restaurante Germans Miquel’s es, a mi entender, la mejor casa de comidas marineras de Cambrils. Eso sí, si lo que buscáis son emociones gastronómicas fuertes, la única puerta a la que podéis llamar, en esta localidad costera, es a la de Can Bosch.

Bodega: Pazo de Monterrey 2009 (Godello). Pazos del rey. DO Monterrei.

Precio: 45 €

En pocas palabras: notable cocina de red y sedal.

Indicado: Para disfrutar de la sabrosa sencillez de la cocina marinera.

Contraindicado: Para los que no se conforman con la plata o el bronce.

Consolat de Mar 28, Cambrils (Tarragona)
977 79 16 53

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Alea

Magníficas propuestas gastronómicas perecen.

Restaurantes sin oficio ni beneficio cuelgan el cartel de completo a diario.

Y la suerte es solo una excusa.

Suerte para la que en el restaurante Alea únicamente han reservado el privilegio de bautizar esta casa de comidas del barcelonés barrio de Sant Gervasi.

Azar para el que en el restaurante Alea el trabajo duro y la honestidad no han dejado espacio.

Y así, casi 500 son los días que Patrick y Manuel (almas del restaurante Alea) llevan buscando, trabajando su fortuna en una cocina de escasos cuatro metros cuadrados.

Una cocina humilde y una sala amable para que no haya excusa que valga para no visitar el restaurante Alea.

En este sentido, puede que la cocina de Patrick no vaya a enriquecer nuestro imaginario gastronómico –ni creo que lo pretenda-, o que destellos de lujo no nos cieguen en el restaurante Alea, no obstante, muy pocos son los restaurantes de Barcelona en los que, por menos de 5.000 de la antiguas pesetas, llegaréis a disfrutar de una cena mejor.

Cena, el día de mi visita, protagonizada por:

La contrastada solvencia del pan del horno de la Trinitat.

Una correcta –el adjetivo vulgar tampoco le sería injusto- focaccia de aceite con texturas de tomate, mozarela y orégano.

Unos buenos raviolis de gorgonzola a los que una mejorable compañía (setas, pimientos y encurtidos) no permitían brillar, pues prácticamente anulaba su sabor.

Una sabrosa aleta de raya demasiado tenuemente matizada por notas cítricas y orégano. Es innegable que en muchas ocasiones las comparaciones pueden llegar a ser odiosas, injustas…, pero no es menos cierto que al poner en liza la del restaurante Alea con la preparada por Juanjo en su Tasquita de Enfrente ésta última, por potencia y complejidad de sabores, borra del mapa a la preparada por Patrick.

Unas excelentes manitas de cerdo guisadas y posteriormente deshuesadas acompañadas por láminas de boniato. Un plato que, por sí solo, justificaría la vista al restaurante Alea.

Una notable crema de requesón con manzana ácida y granada.

Y una muy buena torrija de “briox” acompañada con crema de castañas.

En definitiva, un restaurante que, como habréis podido observar, no me cautivó, pero que merece no solo mi respeto, sino mi reconocimiento, y ello por la labor de democratización –si lo preferís, de popularización- de la cultura gastronómica que servicio tras servicio en él se practica.

Bodega: Tempus 2008 (cabernet, cariñena, merlot, syrah, tempranillo y garnacha). Altavins Viticultors. DO Terra Alta

Precio: 30 €

En pocas palabras: cocina para todos los paladares, para todos los bolsillos.

Indicado: Para comprobar como la sencillez y honradez son perceptibles al paladar.

Contraindicado: Para los que al visitar un restaurante perseguimos emocionarnos.

Balmes 322, Barcelona
932 540 487

lunes, 12 de diciembre de 2011

Hispania

Tras la magnífica excursión gastronómica que supuso el restaurante Freu, tocaba volver a casa y, en el trayecto Lloret-Barcelona, no se me ocurrió mejor al alto en el camino que la intemporal casa de comidas de las hermanas Rexach.

Era sábado mediodía y los dos comedores –al encanto del de toda la vida se ha propuesto hacerle la competencia la modernidad y luminosidad del recientemente inaugurado- del restaurante Hispania de Arenys de Mar estaban hasta la bandera. Platea en la que un servidor, a sus 29 años, volvió a sentirse todo un adolescente pues, aunque para este restaurante los años no pasan, la mayoría de sus clientes suman ya muchas primaveras.


Restaurante Hispania que debería estar en el haber de todo amante de la gastronomía, pues el mimo, el tiempo –uno de los grandes activos de las cocinas, por desgracia, en demasiadas ocasiones infravalorado- dedicado a la preparación de muchos de sus platos, sin duda, llega a paladearse; la profesionalidad –casi teatralidad- de un servicio de sala en vías de extinción es un auténtico espectáculo –entre platos y bajoplatos, en una comida de primero, segundo y postre concurre más vajilla que en un muchos gran menús degustación-; y, como en pocas casas de comidas, puede apreciarse como la personalidad de dos hermanas (Paquita y Lolita) consagradas a la restauración lo tiñe todo –también esto es cocina de autor-. ¡Qué lástima que el restaurante Hispania sea uno de esos restaurantes en los que la factura final no cae en el olvido!

Restaurante Hispania en el que, hace un par de sábados, pude disfrutar, de:

Una costilla de cerdo –melosidad en estado puro- con puré de patatas, servida a modo de aperitivo de la casa. Sí, ¡Vaya aperitivo!

Una excelente croqueta de “carn d’olla” y un buen buñuelo de bacalao, acompañados de un perfecto "pa amb tomata oli i sal".


Una excelente ensalada de berros, sesos y champiñones.

A mi entender, su plato estrella: un insuperable pollo de payés escabechado.

Unos notables canelones.

Un flojo, principalmente debido al exceso de brandy en el que naufragaba, roast beef con puré de patatas.

Una buena crema catalana.

Y un correcto pastel de pastel de tiramisú. Creo que nunca seré capaz de comprender cómo puede prepararse un tiramisú prescindiendo de las yemas de huevo: su alma.

En definitiva, un restaurante imprescindible para entender la riqueza, la grandeza de la cultura gastronómica catalana.

Bodega: Ferrer Bobet 2007 (cariñena y garnacha negra). Bodega Ferrer Bobet. DO Priorat

Precio: 90 €

En pocas palabras: de las mejores casas de comidas.

Indicado: Para los que la tradición no es solo la última moda en restauración.

Contraindicado: Para los que una relación calidad-precio de otra época es un obstáculo insalvable.

Carretera Real 54, Arenys de Mar (Barcelona)
93 791 04 57

jueves, 1 de diciembre de 2011

Freu

Sin duda, la gastronomía española y catalana son mucho más que las que se cuecen en sus capitales, y prueba de ello es el restaurante que hoy nos ocupa: el restaurante Freu.

Restaurante que, por imperativo económico –resulta cuasi imposible que propuestas gastronómicas como la del restaurante Freu puedan sobrevivir sin un mecenas mediante-, encuentra cobijo en el hotel de lujo de Lloret Guitart Monterrey.

Restaurante cuyos méritos no se circunscriben únicamente a la valentía, dada la plaza en la que se han propuesto lidiar, de su cocina, sino que también hay que encontrarlos en el magnífico equipo que lo compone. Un equipo de jóvenes profesionales (cocina: Nacho Arregui y Pep Arbós; y sala: Nuria Camps), pero de bagaje envidiable, cuasi insuperable –entre las muescas de sus cuchillos y sacacorchos pueden contarse, por ejemplo, las de restaurantes como Sant Pau, Can Fabes, Àbac, Saüc, Ca l’Isidre, Manairó o Talaia Mar).

Restaurante que, si en vez de tener que buscarlo en Lloret de Mar, apartado del mundanal ruido de la capital catalana, lo encontrásemos en cualquier esquina de Barcelona, ni por un segundo lo dudéis, daría muchísimo de qué hablar. Y si no os lo creéis, aquí va su mejor, que no el único, pues tanto la decoración del local como su equipo de sala bien merecen también ser destacados, argumento: su Menú Degustación.


Menú, cuyo prólogo corrió a cuenta de una pareja de aperitivos de distinta generación –diferencia de edad que, a pesar de la falta de conexión que entre ellos comportaba, no resultaba un impedimento para disfrutar de ellos-, encarnados, en un lado del ring, por una “secallona” y unas aceitunas Kalamata y, en el otro, por su interpretación del vermut (granizado de vermut con espuma de naranja, y una aceituna rellena del revés), y que gozó de la magnífica compañía de un excelente servicio de panes y aceites.



Menú Degustación al que dieron forma:

Un notable montadito de pan de coca con bogavante, jamón de bellota y membrillo.

Un excelente tártar de buey con foie y mantequilla de especias.

Un muy buen arroz “socarrat” –nada que envidiar tenía al “archifamoso” y firmado por Paco Pérez-, magníficamente acompañado por una gamba de Blanes –perfecta en su cocción-, un aire de su coral, y una fritura de sus patatas y espárragos.

Un increíble –de los mejores que he probado- caldo de pescado en el que, dada su intensidad aromática y gustativa, la totalidad de la sutil flota que en él navegaba (araña de mar, gamba de Blanes y ñoqui de albahaca) terminaba por naufragar.

Un siempre resultón plato de vieiras, panceta, trufa, alcachofas y corteza, en el que, no obstante, se advertían, de nuevo, ciertos desajustes en las potencias gustativas de los elementos que lo componían.

Una lubina acompañada por algas, “rossinyols” y una salsa de erizos que, sin duda, y gracias a las notas yodadas y minerales que maridaban a la perfección la lubina, se erigió como lo mejor de la noche. Un plato de 11 sobre 10.

Otra ración de manjares resultones encarnada por un cochinillo cocinado a baja temperatura y acompañado por un chutney de mango especiado con comino y pimienta rosa, pomelo y mostaza, que, en esta ocasión, sí que hacía buena la palabra manjar.

Un dúo de postres que, dada su calidad, y para alegría de mi paladar, me resulta imposible clasificar –démosles, pues, un primer puesto, una medalla de oro a los dos-.

Bravo por las fresitas y frambuesas –aunque si solo hubiesen concurrido las primeras, mejor-, perfectamente acompañadas por un helado de requesón, nueces caramelizadas y gelatina de miel.

Y olé para la pera rellena de pastel de queso, y acompañada por un crumble, una gelatina de Málaga y reducción de Módena.

Y unos buenos petit fours (macarrón de limón, trufa y financiero) para poner la guinda a una magnífica velada.

En definitiva, un restaurante que, sin duda, y utilizando los términos de la Guía Verde –la Michelin justa con nuestro país- bien merece el viaje.

Bodega: Agustí Vilaret; Mont Ferrant; DO Cava. Finca Viladellops 2009 (Xarel•lo); Finca Viladellops; DO Penedès. Geum 2010 (Garnacha); Vins de Taller; Vino de la Tierra de l’Empordà.

Precio: 65 €

En pocas palabras: Lo mejor de Lloret.

Indicado: Para confirmar que, lo mejor de la gastronomía de nuestro país trasciende, y de largo, la ofrecida en sus grandes urbes.

Contraindicado: Para los que creen que la gastronomía de proximidad es aquella que queda cerca de sus hogares.

Hotel Guitart Monterrey, Lloret de Mar (Girona)
972 369 326