viernes, 20 de julio de 2012

Black

Dos a dos.

Sin duda, un futbolero como un servidor ya tiene mono de que los Barça-Madrid vuelvan a copar las portadas de los periódicos o las cabeceras de los telenoticias. No obstante, el resultado recién apuntado no es mi porra para el partido de ida de la Supercopa de España, sino que en él debéis encontrar el -bueno, mi- marcador de los restaurantes que el prolífico Paco Pérez regenta, asesora o da pátina con su más que meritorio currículum en Barcelona.

Y así, en el haber de Paco identificaría a los restaurantes Enoteca y La Royale y en el debe The Mirror y la casa de comidas clandestina que hoy nos ocupa (Black).

A pesar de que el restaurante Black más que una casa de comidas es un cuarto oscuro, aunque de acertadísimo interiorismo (firmado, como La Royale, por el estudio Azul Tierra), de comidas, no todo son sombras en este recién llegado (postrimerías de mayo) a la escena gastronómica barcelonesa.
Que el acceso al restaurante Black sea a través del baño de La Royale no es el mejor preludio a una velada gastronómica –aunque, seguro, habrá quien lo encuentre “superguay”-.

Como tampoco es un sumando que a las excelentes cristalería –rivalizando con la del restaurante Caelis para erigirse como la mejor de la ciudad- y vajilla les reste tantos enteros el que las servilletas sean de papel -¿Brillante idea de…?-.

Ni contribuirá a su éxito –es mucho suponer que acabe gozando de él- que su factura media, a pesar de que críticos con mucho más lustre la rebajasen–no sé cómo- notablemente en sus artículos sobre el restaurante Black, tenga tres dígitos.
En cambio, entre sus activos deben identificarse la plasticidad, el encanto de su cocina a la vista –sin duda, quedarse con una de las mesas más próximas a la barra de pase se reputa como la más acertada decisión- o una propuesta gastronómica que discurre entre los tártars, los caviares (iraníes y del Valle de Arán), los ceviches, los ahumados, los tiraditos, las hamburguesas… y de la que, hace no todavía dos semanas, me quedé con:

Un magnífico, por su profundidad a la par que delicadez de sabor, tártar de ostras (Gillardeau) y caviar (Riofrío), aderezado con un sutil toque de lima. Genuina cocina DO Paco Pérez, a la que, puestos a buscarle un pero, éste radicaría en la cubertería elegida para su degustación: una metálicamente fría cuchara de acero –con la calidez y nula contaminación de sabor que aporta el nácar-. (34 €)
Un tiradito, o sashimi, de salmón salvaje de Alaska –muchos caerán rendidos a su sutilidad de sabor y otros tantos la percibirán como excesiva tenuidad- matizado con una excelente salsa ponzu y naranja sanguina. (19 €)
Un notable y valiente ceviche de langostinos (excelente producto) con leche de coco, lima, cilantro –desafortunadamente, de presencia casi anecdótica-, cebolla roja y aceite de vainilla. (19 €)
Una muy buena, aunque me quedo con la de bisonte o vaca vieja de La Royale, “Blackburg Versión 1.0”, o, en cristiano, una hamburguesa de ciervo con moras, reducción de vino de Oporto, crema de queso a las hierbas y servida en un excelente pan negro. (23 €)
Y una más que meritoria versión de la tarta Sacher: cremoso, bizcocho exprés y semifrío de chocolate y otras tantas texturas de frambuesa (culís, “lío” y al natural). (10 €)
En definitiva, un restaurante excelente si uno obvia la factura final, pero de cuestionable valor al ponerla en relación con lo degustado.

Bodega: Ayala Brut Majeur (Pinot Noir y Chardonnay), Bodega Ayala, DO Champagne (48 €); y Vodka-tónic de Blavod + tónica Thomas Henry + moras (15 €).
Precio: 110 €

En pocas palabras: Caviar, tártars, ceviches, hamburguesas... a precio de caviar.

Indicado: Para primeras citas o para los que, a pesar de la que está cayendo, pueden permitirse el lujo –o la temeridad- de no mirar las facturas.

Contraindicado: Para los que la clandestinidad, la firma de un chef estrellado o el ver y ser vistos no son un reclamo sino un pesado lastre.
Plaza del Camp 5-6, Barcelona
932 547 393 o 691 403 599

11 comentarios:

  1. Res, nen, res, una mariconada .....

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  2. Como casi siempre, estoy de acuerdo con tu crítica sobre Black, comida magnífica, acertadísimo interiorismo, puesta en escena con encanto y una vajilla y cristalería que rivaliza con la mejor de la ciudad.
    Si a todo ello le añades buena música y gran servicio, se convierte bajo mi punto de vista, un lugar único en la Barcelona y como tu bien dices, un restaurante excelente y eso que veo no has probado el tartar con yema trufada y el mollete con panceta ibérica... yo estoy deseando volver y es que hay cosas que se pagan con gusto ;-)

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  3. Bona Bernie.... :)

    Més clar no es pot dir.

    I molt bo el "contraindicado" Eduard....

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  4. Bernie i Ricard espero que em permeteu una resposta conjunta.

    Sé que el restaurant Black difícilment mai serà sant de la vostra devoció, però, i obviant un preu molt difícil d'obviar, la seva proposta gastronómica és prou interessant.

    Salutacions,

    eduard

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  5. Sin duda, apreciado Ecodeli, el restaurante Black es un lugar singular y muy especial, aunque discrepo, y creo que su precio le resta muchos enteros.

    Un saludo,

    eduard

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  6. Estuve hace poco y estoy completamente de acuerdo contigo. Un sitio muy particular, sin duda para sorprender a alguien, ya sea la pareja o los amigos, pero que debido al precio seguramente se quede, para la mayoría, en una única visita.

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  7. Como bien apuntas, apreciado Anónimo, el gran lastre del restaurante Black es su precio.

    Un saludo,

    eduard

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  8. Eduard llevas días sin publicar, nos tienes abandonados, para cuando el próximo post?

    saludos

    Joan

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  9. Entre esta tarde y mañana, Joan.

    Muchas gracias por tu interés.

    Un saludo,

    eduard

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  10. Creo Eduard que el lastre de Black, su precio, aunque discutible por su alta calidad de producto,ya no es tal¡
    Tuve ayer el privilegio de ir a cenar por segunda vez ,y mi sorpresa fue, que aparte de haber bajado los precios de una forma considerable, ofrecen un "menú surprise" muy asequible en relación a la calidad y al servicio que se ofrece.

    !Rectificar es de sabios! y creo que han sabido darse cuenta.
    Puede que llegue a convertirse en uno de los lugares más chic de la ciudad.

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  11. Habrá, entonces, que repetir la vista -¡Qué pena, jeje!-, apreciado Anónimo.

    Un saludo,

    eduard

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